Vanitas vanitatum.

Resulta curioso que precisamente la humildad y generosidad sean frutos que se alcanzan cuanto más se ahonda en los estudios patrísticos, y pocas veces son cualidades existentes en quienes inician sus estudios en este campo.

La misma naturaleza de los textos, ideas, el panorama histórico, se presta a un snobismo ‘a priori’, quizá haya quienes estén enterados de la existencia de Boecio, Beda el Venerable o Isidoro de Sevilla, pero el resto de la nómina recolectada por Migne -alrededor de 1200 autores más- contiene nombres que escapan a la mayoría de los textos de divulgación, y hay nombres que incluso son la delicia de eruditos y especialistas.

Lo verdaderamente importante es la capacidad de ayudar al prójimo, al compañero de causa. Sólo sin perder de vista este postulado es posible mantener los pies en la tierra. A cualquiera puede marearle el hecho de tener que ‘solicitar credenciales’ a nuevos miembros de un grupo de estudio, cuando todos y cada uno de los miembros de ese grupo tienen una formación académica admirable.

No perder de vista esto es más que una necesidad, una obligación: el servicio en favor de los demás es lo que da valía a los estudiosos, independientemente de los grados académicos que se posea.

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