Me gusta mi trabajo.

Sí, aunque uno se desgaste los ojos, y tenga que revisar listas de 246 artículos porque dos se esfumaron o dañaron en la ‘subida’, todo ello me resulta gratificante.

Creo que esa parte de mi psique, la heredé directamente de mi madre, quien de vocación y profesión contadora, disfrutaba buscando el centavito perdido que no hacía que las conciliaciones y balances generales cuadraran.

Brittle paper.

Brittle paper.

Organizando los volúmenes disponibles de esta parte del GCS, que contiene las obras de Orígenes, encontré esta nota manuscrita en la cobertura del volumen 6 de Koetschau.

Frecuentemente hay anotaciones al pie, en los márgenes, en algún volúmen de la PL recientemente digitalizada gracias al PIMS encontré subrayados de alguien que debió ser un crítico terrible de la condición humana, que resaltaba un pasaje donde en boca de Job se nos explica que el hombre es un costal de gusanos, o más explícitamente, ‘los gusanos son hijos del hombre’.

Pero esta anotación, precisamente resguardada al momento de digitalizar el magnífico trabajo de Koetschau, es una deliciosa anacronía. Me permitió recordar los días en que soñaba con fotocopiar algunos volúmenes de la PL -específicamente, los que mencioné antes, el XVIII, LXIII y LXIV y el XC- pero era imposible sacarlos de la ‘sala de lectura’ o biblioteca menor, del Seminario de la Inmaculada Concepción, de Guadalupe, Zacatecas.

Recuero que hojié y ojeé todos y cada uno de los volúmenes de las dos patrologías. En algunas tardes de exploración, en las que me parecía cortísimo el tiempo destinado al estudio ‘metódico’, de cuatro a siete de la noche. Ir desempolvando los volúmenes que a todos espantaban, repasar las hojas frágiles y preciosas, tratar de vislumbrar lo que contenían los volúmenes, materias algunas veces de títulos áridos e imponentes, y otras veces una delicia, como todo lo que se relacionara con ‘In Apocalipsim’.

Encontrar el tomo de Ulfila, en la época en que descubría a Borges y no poder estudiar el gótico allí contenido, era casi una maldición. Una artera puñalada a traición. Como sea, veinte años más tarde, el destino y sus desatinos me ponen ante los ojos aquellos volúmenes, y vuelvo a recorrer las galerías y a revivir aquellas tardes, en las que el mundo era amplísimo e inconmensurable, y podía ser contenido en una Bibliotheca amplísima, casi infinita.