{"id":87,"date":"2009-08-28T13:34:53","date_gmt":"2009-08-28T13:34:53","guid":{"rendered":"http:\/\/gregorovivs.wordpress.com\/?page_id=87"},"modified":"2009-08-28T13:34:53","modified_gmt":"2009-08-28T13:34:53","slug":"onetti-rulfo-agape-de-esfinges-moreno-duran","status":"publish","type":"page","link":"http:\/\/adastra.plgo.org\/?page_id=87","title":{"rendered":"Onetti-Rulfo: Lo que puede decirse en un \u00e1gape de esfinges. R. H. Moreno-Dur\u00e1n"},"content":{"rendered":"<h1 style=\"text-align:center;\">LO QUE PUEDE DECIRSE EN UN \u00c1GAPE DE ESFINGES.<\/h1>\n<h2 style=\"text-align:right;\">R. H. MORENO-DUR\u00c1N<\/h2>\n<p style=\"text-align:justify;\">\n<p style=\"text-align:justify;\">En los \u00faltimos a\u00f1os, Juan Carlos Onetti parec\u00eda encarnar a su personaje Eladio Linacero: tendido sobre la cama, boca arriba, sin afeitarse durante d\u00edas, con un cigarrillo infinito en el belfo y una no menos infinita botella de whisky. As\u00ed escribi\u00f3 Cuando ya no importe, libro crepuscular como su t\u00edtulo y no exento de un marcado desencanto, de algo de resignada paciencia rota s\u00f3 lo por ese azar que felizmente depara siempre la escritura.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">LA invocaci\u00f3n de Linacero no es gratuita. Animal nocturno como Onetti, es el fundador de un largo linaje de l\u00facidos outsiders que decididamente apuestan por encontrar una raz\u00f3n de ser en el lado oscuro de la vida. Cuando Linacero se palpa la barbilla, sin afeitar, no tiene m\u00e1s remedio que evocar a esa prostituta que se lamentaba porque sus clientes la frotaban despiadadamente con sus cerdas en el hombro, siempre el izquierdo, enrojecido y lastimado por el roce del ef\u00edmero y mercenario acoplamiento. Esa aspereza que el personaje sacaba a relucir era la que el lector de El pozo sent\u00eda al pasar las p\u00e1ginas de su ejemplar, publicado en la colecci\u00f3n Narradores de Arca, esa humilde aunque puntual editorial uruguaya que al promediar la d\u00e9cada de los a\u00f1os sesenta multiplicaba tambi\u00e9n su estirpe en los anaqueles de las librer\u00edas de la mayor parte de las capitales latinoamericanas. Por esos a\u00f1os el creciente \u00e9xito de los escritores del boom exhum\u00f3 el legado de sus padres, entre los cuales Onetti ocupaba un lugar de privilegio. A este respecto, siempre sal\u00eda a relucir una pregunta: \u00bfexistir\u00eda Macondo sin la Santa Mar\u00eda que fund\u00f3 Brausen a orillas del r\u00edo? Por supuesto que la Santa Mar\u00eda de Onetti no existir\u00eda sin el condado Yoknapatawpha, de Faulkner, como tampoco existir\u00eda Comala sin el referente del Deep South norteamericano, y menos sin el cementerio parlante de Spoon River. Obviamente, al hacer estas consideraciones, no buscamos fijar aqu\u00ed influencias sino subrayar fecundas filiaciones.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Onetti era un hombre que daba la impresi\u00f3n de haber nacido cansado. Tan cansado \u2013me dije ese d\u00eda- que a lo mejor ni contesta el tel\u00e9fono. Por eso lo mejor es visitarlo de improviso, sin avisarle por lo menos el esfuerzo no es est\u00e9ril y puede uno cruzar con \u00e9l un par de palabras. Claro que si est\u00e1 de buen humor hasta te ofrece un trago a las diez de la ma\u00f1ana. \u00bfC\u00f3mo olvidarlo, envuelto en su bata, con un eterno cigarillo en los labios y la botella parecida a otra extremidad de su cuerpo, mientras los ojos saltones, inquisitivos, bailan en sus cuencas como dos enormes gotas de aceite? Su habitaci\u00f3n es como sus libros, un extra\u00f1o territorio en el que priva una atm\u00f3sfera espesa, incrementada por el olor penetrante del tabaco, estancado pro meses y meses y donde cada d\u00eda hay menos espacio para el ox\u00edgeno. 55 a\u00f1os despu\u00e9s, la voz del escritor reivindica la semblanza que de s\u00ed mismo traz\u00f3 el primero de sus personajes: &#8220;Yo soy un hombre solitario que fuma en un sitio cualquiera de la ciudad; la noche me rodea, se cumple como un rito, gradualmente, y yo nada tengo que ver con ella. Hay momentos, apenas, en los que los golpes de mi sangre en las sienes se acompasan con el latido de la noche. He fumado mi cigarrillo hasta el fin, sin moverme\u2026&#8221;<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Su mirada impresionaba al inspeccionarlo a uno de arriba a abajo, y su grueso labio inferior ca\u00eddo parec\u00eda justificar su pertinaz silencio. Hizo del monos\u00edlabo la rezagada respuesta a las preguntas de sus interlocutores, y dif\u00edcilmente puede atribu\u00edrsele un p\u00e1rrafo oral superior a dos l\u00edneas. Todo lo contrario de los largos periodos de su escritura, una prosa llena de ramificaciones y sentidos, aparentemente sobria pero en realidad densa y compleja, como su visi\u00f3n del mundo. Por ello cabe aplicarlo con rigor autobiogr\u00e1fico lo que Larsen advierte en &#8220;El astillero&#8221;: &#8220;Sospech\u00f3 de golpe lo que todos llegan a comprender m\u00e1s tarde o m\u00e1s temprano: que era el \u00b48unico hombre vivo en un mundo ocupado por fantasmas, que la comunicaci\u00f3n era imposible y ni siquiera deseable, que tanto daba la l\u00e1stima como el odio, que un tolerante hast\u00edo, una participaci\u00f3n dividida entre el respeto y la sensualidad eran lo \u00fanico que pod\u00eda ser exigido y conven\u00eda dar\u2026&#8221;<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Salvo las peculiaridades de la frase y una prosodia inimitable, en casi todo lo dem\u00e1s Onetti se parec\u00eda a Juan Rulfo. Ambos construyeroun un mundo propio: Santa Mar\u00eda y Comala don aut\u00e9nticas antesalas del &#8220;infierno tan temido&#8221;. La ciudad de uno y el pueblo del otro est\u00e1n habitados por gentes difuntas. Del extremo sur al norte del continente, del R\u00edo de la Plata a Jalisco, los muertos en vida que se regodean con la rutina opresiva de onetti y los muertos que hablan desde la memoria de Fulfo nos agobian con su presencia. Porque lo cierto es que Onetti y Rulfo eran tan parcos con las palabras que casi siempre parec\u00edan ausentes. As\u00ed los conoc\u00ed en junio de 1979, cuando durante diez d\u00edas un grupo de escritores fuimos confinados en Las Palmas de Gran Canaria. Ese encuentro, al que por razones apenas comprensibles la cr\u00edtica m\u00e1s envidiosa y abstemia llam\u00f3 El Congreso Et\u00edlico, nos record\u00f3 otra afinidad entre los dos narradores: ambos hab\u00edan agotado a lo largo de sus vidas las infinitas euforias del vino.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u00bfC\u00f3mo olvidarlos? En medio de la admiraci\u00f3n plenaria de escritores de Espa\u00f1a y Am\u00e9rica Latina pertenecientes a generaciones diferentes \u2013D\u00e1maso Alonso le dabe la r\u00e9plica a Luis Su\u00f1\u00e9n, enrique Molina a Jos\u00e9 Emilio Pacheco, Agust\u00edn Y\u00e1\u00f1ez a Jos\u00e9 Miguel Ull\u00e1n-, los ve\u00edamos velar armas en el bar del Hotel Iberia. Siempre escoltados por F\u00e9lix Grande y Luis Rosales, por J. J. Armas Marcelo y Alicia Cid, los dos escritores hab\u00edan sido nombrados presidentes de honor pero muy pocos lograban arrancarles entrevistas o declaraciones m\u00e1s all\u00e1 de unos cuantos p\u00e1rrafos protocolarios. En medio de decenas de escritores, sin duda las dos figuras tot\u00e9micas del encuentro eran Onetti y Rulfo y ambos sobresal\u00edan como h\u00e1biles administradores del silencio en cotnraste con la algarab\u00eda de los otros. En silencio paseaban por la playa, la mirada fija m\u00e1s all\u00e1 del mar, sobre Lanzarote y Fuerteventura, y acaso un poco m\u00e1s all\u00e1, en pos de las costas de Africa. En silencio escuchaban las ponencias y las discusiones poco apacibles que se desataban en los claustros de Santa Br\u00edgda, una colina que se alzaba sobre la parte m\u00e1s fr\u00eda de la isla. En silencio alternaban con otros notables profesionistas de las letras americanas (Westphalen, Monterroso, Ribeyro, Sologuren, Sabines), espa\u00f1olas (Barral, Ayala, Goytisolo, Castellet), gallegas (Celso Emilio Ferreiro). A los m\u00e1s j\u00f3venes nos resultaba gratificante y aleccionador compartir el espacio de sus meditaciones so pretexto de confrontar nuestras opiniones sobre Santa Mar\u00eda y Comala y de paso evocar a las mujeres que habitaban el Falansterio de Larsen y el misterioso encanto de Susana San Juan. Tres a\u00f1os antes Tusquets hab\u00eda publicado De la barbarie a la imaginaci\u00f3n y con la intrepidez de quien se iniciaba en el oficio me acerqu\u00e9 a Onetti y a Rulfo, el primero con su whisky color topacio y el segundo con una Coca Cola siempre a medio vaso. En ese libro les hab\u00eda dedicado a ambos los largos cap\u00edtulos que sus obras merec\u00edan y fui escuchado \u2013sospecho- m\u00e1s con curiosidad que con inter\u00e9s. Con los a\u00f1os y nuevas ediciones, el trabajo sobre Onetti aument\u00f3. Con Rulfo tuve que resignarme, como sus lectores de todo el mundo, a la brevedad colosal de sus dos libros. Y fue en esta oportunidad cuando pude cotejar con \u00e9l la memoria hablada de los muertos de Comala con las l\u00e1pidas infidentes de Spoon River.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Durante los diez d\u00edas de ese Congreso la proximidad de Onetti y Rulfo \u2013y por extensi\u00f3n, la de la mayor parte de los escritores all\u00ed presentes- nos ense\u00f1\u00f3 que nada hay m\u00e1s nocivo que respetar el pathos de la distancia, sobre todo cuando existe la posibilidad del di\u00e1logo, por m\u00e1s leve que sea. En esa ocasi\u00f3n, los dos escritores contemproizaban con queines apenas comenz\u00e1bamos este arduo oficio y para nada guardaban distancias, aunque sus prolongados silencios, plet\u00f3ricos de significado, ratificaron lo que ya todos sab\u00edamos: que conformaban un tandem absolutamente negado para las entrevistas. Trece a\u00f1os despu\u00e9s, y muerto ya Rulfo, la magn\u00edfica prosa del sobreviviente le gan\u00f3 un lugar propio en el mosaico de Palabra mayor. Y fue entonces cuando su voz cansada sugiri\u00f3 una forma m\u00e1s abierta y libre de di\u00e1logo: Dejemos hablar al viento\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Onetti nunca le vedaba un lugar en su mesa a un escritor joven. Incluso fue a parar a la c\u00e1rcel y luego a un exilio del que jam\u00e1s volvi\u00f3 por suscribir el acta en virtud de la cual se premi\u00f3 el cuento de un narrador novel a quien la censura del uruguay calific\u00f3 de pornogr\u00e1fico e inmoral. \u00bfLe cobraban de esta forma al ilustre jurado lo que \u00e9l hab\u00eda hecho a favor de la libertad y el arte durante cuatro d\u00e9cadas y media? La \u00fanica condici\u00f3n que Onetti le exig\u00eda a su interlocutor era, pard\u00f3jicamente, la de que supiera compartir su silencio. Y uno all\u00ed sentado, a su lado, vi\u00e9ndolo fumar y mirar hacia un complejo paisaje de falansterios, burdeles, sanatorios y astilleros: era como si participara en un \u00e1gape de esfinges. Pero el di\u00e1logo flu\u00eda por dentro, como debe ser, y cuando el contertulio quedaba subjetivamente af\u00f3nico y la \u00faltima botella se hab\u00eda evaporado, el autor de La cara de la desgracia se levantaba de la mesa, alto y con aire parecido al de machado el bueno en los d\u00edas postreros de la guerra, la cabeza levemente ladeada y los ojos saltones tras las gafas y ese belfo siempre h\u00famedo y congante, como su apagado &#8220;Hasta luego\u2026&#8221;<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">As\u00ed ocurri\u00f3 en los lugares en los que tuve oportunidad de estar a su lado. En Barcelona, cuando Ricardo Rodrigo y Juan Carlos Martini, editores de Bruguera, lo invitaron a participar en los actos de presentaci\u00f3n de Dejemos hablar al viento. En Recepciones privadas y en foros, con las aulas repletas de gente. Recuerdo en especial el d\u00eda en que viol\u00f3 su pacto con el silencio para neutralizar el agresivo discurso de uno de esos espont\u00e1neos que se esfuerzan por hacer en p\u00fablico el rid\u00edculo. A nombre de las apolilladas consignas del compromiso del escritor, la responsabilidad social del arte y otras tonter\u00edas por el estilo, el hombre de la masa elogi\u00f3 imp\u00fadicamente la obra de Onetti s\u00f3lo para vapulear a continuaci\u00f3n la de Vargas Llosa. El gesto del agasajado fue contundente. Sencillamente dijo: &#8220;Aunque no entiendo nada de lo que usted dice sobre mis libros, me parece una descortes\u00eda absoluta hablar mal de un escritor ausente, al que yo s\u00ed admiro mucho.&#8221; El auditorio le ofreci\u00f3 una ovaci\u00f3n un\u00e1nime.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Tampoco fue dif\u00edcil compartir con \u00e9l las jornadas de un encuentro literario celebrado en Par\u00eds y patrocinado por La Sorbona. Por esos d\u00edas la salud de Cort\u00e1zar comenzaba a resentirse y \u00e9sa era la mayor preocupaci\u00f3n de quienes asistimos a las diversas sesiones. Recuerdo que form\u00e9 parte de un panel integrado por H\u00e9ctor Pianciotti y un escritor de alta calidad y que, al igual que Onetti, hab\u00eda instalado la timidez y un opresivo silencio en el alma: el exilio le carcom\u00eda la vida y no pudo contener el llanto mientras le\u00eda sus textos. Era Antonio Di Benedetto y poco despu\u00e9s muri\u00f3. Otras evocaciones: una corta caminata entre las arboledas de El Retiro como colof\u00f3n de alguna feria del libro. O confidencias como las que narraba Mario Benedetti a prop\u00f3sito de la c\u00e9lebre capacidad et\u00edlica del autor de La vida breve. O simp\u00e1ticas semblanzas que he escuchado de labios de amigos y compatriotas suyos, como Cristina Peri Rossi, Homero Alsina Thevenet \u2013alguien que lo sabe absolutamente todo sobre cine y que, adem\u00e1s, convivi\u00f3 con Onetti con alguna oscura pensi\u00f3n rioplatense durante los a\u00f1os dif\u00edciles-, Fernando A\u00ednsa y, sobre todo, Angel Rama. O an\u00e9cdotas no menos divertidas, como cuando observ\u00e9 a Eduardo Galeano rega\u00f1arlo amablemente por decir &#8220;pavadas&#8221; sobre alg\u00fan punto que hac\u00eda referencia a la cuesti\u00f3n social. Las bromas iban y ven\u00edan. Y Onetti como si nada: para \u00e9l las \u00fanicas venas abiertas de am\u00e9rica Latina eran las del doctor D\u00edas Grey cuando traficaba con morfina.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Durante los d\u00edas compartidos en las islas, Galeano acompa\u00f1aba a Onetti con harta frecuencia. Era gratificante o\u00edrlos evocar a un Montevideo que nada ten\u00eda que ver con esa ciudad que la dictadura de entonces hab\u00eda envilecido, al extremo de darle el nombre de &#8220;Libertad&#8221; a la prisi\u00f3n donde confinaba a los presos pol\u00edticos. A prop\u00f3sito, llama la atenci\u00f3n constatar algo que pr\u00e1cticamente nadie se atrev\u00eda a escribir en 1939 y que Onetti, en las tempranas p\u00e1ginas de su obra, registr\u00f3 al referirse al &#8220;lujo asi\u00e1tico en que viven los comisarios en el Kremlin y la inclinaci\u00f3n inmoral del gran camarada Stalin por las ni\u00f1itas tiernas&#8221;. Y m\u00e1s adelante, ante quien acusa a tan inc\u00f3modo personaje de ser un insensible social, un reaccionario y un fracasdo, \u00e9l se defiende: &#8220;El pobre hombre inventa el apocalipsis, me habla del d\u00eda de la revoluci\u00f3n (tiene una frase genial: \u2018cada d\u00eda faltan menos\u2026\u2019), y me amenaza con colgarme, hacerme fusilar por la espalda, degollarme de oreja a oreja, tirarme al r\u00edo\u2026&#8221;<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Durante los d\u00edas del archipi\u00e9lago, el periodista Ricardo Bada, siempre con una grabadora en mano y un sinf\u00edn de referencias literarias como carnada para el di\u00e1logo, iba tras las grandes figuras del Congreso. Me sorprendi\u00f3 una respuesta de Onetti, que luego Rada difundi\u00f3 por las ondas de la Deutsche Welle, en Alemania: &#8220;\u00bfA prop\u00f3sito de Thomas Mann, qu\u00e9 es lo que m\u00e1s llama su atenci\u00f3n?&#8221; Y el autor de Tan triste como ella no vacil\u00f3 en su respuesta e incluso fue inopinadamente expl\u00edcito: &#8220;Si algo admiro de La monta\u00f1a m\u00e1gica es la declaraci\u00f3n de amor de Hans Castorp a Clawdia Chauchat. Es poes\u00eda pura. No entiendo por qu\u00e9 otros dicen que esa hermosa declaraci\u00f3n se echa a perder por los excesivos conocimientos de anatom\u00eda que el joven saca a relucir. A m\u00ed me parece que, precisamente, es la anatom\u00eda lo que le da valor al acento po\u00e9tico que se apodera de ese episodio.&#8221; Opini\u00f3n que comparto plenamente, pues incluso he escrito que, salvo El cantar de los cantares, \u00e9sa es la declaraci\u00f3n de amor m\u00e1s bella y profunda de la literatura universal. Pero hay algo m\u00e1s: esa opini\u00f3n de Onetti no se comprende sin conocer algo de su vida y concepci\u00f3n del mundo. Ya en El Pozo Linacero recomienda que todo hombre debe escribir su biograf\u00eda a los 40 a\u00f1os, y habla de los j\u00f3venes y uno piensa entonces en el propio Onetti cuando afirma que jam\u00e1s tuvo problemas sexuales porque a la edad en que los muchachos los tienen \u00e9l se cas\u00f3 por primera vez. Creo que \u00e9sa es la raz\u00f3n por la cual Onetti entiende y justifica el derroche de conocimientos anat\u00f3micos que el joven Castorp exhibe ante su amada, la bella enferma rusa. Y puesto ya en las confidencias, siempre contaba que nunca pas\u00f3 de la primaria y que era muy alto para asignaturas como la geograf\u00eda y el dibujo. La paradoja es superlativa, sobre todo si consideramos que Onetti fue el magn\u00edfico cart\u00f3grafo que dise\u00f1\u00f3 Santa Mar\u00eda y que con todo lujo de detalles la ubic\u00f3 en los m\u00e1s hermosos mapas de la imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Evocar a Onetti es hablar de la ciudad. Salvo Roberto Arlt \u2013de quien traz\u00f3 una entra\u00f1able semblanza que aparece como pr\u00f3logo de El juguete rabioso-, Onetti es el escritor latinoamericano que m\u00e1s ha vivido a fondo el infierno de la urbe, tanto que, no contento con los arquetipos de Montevideo y Buenos Aires, invent\u00f3 su propio mundo. O se le atribuy\u00f3 a Brausen. Y a diferencia de muchos narradores &#8220;urbanos&#8221;, que s\u00f3lo hacen literatura de tarjeta postal, Onetti supo tomarle el pulso de subjetividad lastimada de su habitat. Porque si algo le interes\u00f3 fue medir la temperatura enferma de la ciudad y su conciencia paranoica, que es tanto como explicar el diagn\u00f3stico de su identidad patol\u00f3gica, y que se siente palpitar a trav\u00e9s de las entrecortadas meditaciones del doctor D\u00edaz Grey. Este m\u00e9dico \u2013cuya presencia es tan habitual en los libros de Onetti como Larsen o Ang\u00e9lica In\u00e9s o el potentado Petrus o Rita la ramera y su chivo- ya hab\u00eda dejado filtrar parte de su pasado en La vida breve, donde aparece como un inescrupuloso comerciante de morfina y, adem\u00e1s, se ve involucrado en un crimen y en varios l\u00edos de faldas, no resueltos del todo. Su esc\u00e9ptica vejez queda patente en El astillero, aunque su trayectoria vital es siempre la de una conciencia compulsiva y c\u00ednica. Por eso, al ser llamado en Juntacad\u00e1veres para corroborar una vez m\u00e1s el viejo recurso de la salud, el m\u00e9dico se manifest\u00f3 como el reverso de su falsa imagen: \u00e9l mismo, sobre la anatom\u00eda de la ciudad, revert\u00eda la l\u00f3gica inflexible de la enfermedad: la comprobaba, la alimentaba, le brindaba el impulso de la incurabilidad. Algo de esto lo hab\u00eda anotado ya el uruguayo Felisberto Hern\u00e1ndez en el relato Menos Julia, donde plantea la historia de un anciano que mantiene una relaci\u00f3n tan \u00edntima con la enfermedad que no vacila en confesar que &#8220;ama a la enfermedad m\u00e1s que al a vida\u2026&#8221;<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Porque la enfermedad ya no es aquello que ocurre entre el m\u00e9dico y el enfermo, sino que, ahora, frente al doctor D\u00edaz Grey y a la ciudad, la enfermedad aparece como la impronta corrosiva y letal que crece entre la fe y el miedo: &#8220;El hombre es disipaci\u00f3n \u2013postul\u00f3- y el miedo a la disipaci\u00f3n.&#8221; Para el m\u00e9dico, la enfermedad es apenas una disgresi\u00f3n en el discurso de una cultura. Al fin y al cabo, es por la salud social por lo que \u00e9l, recto y aquiescente, patrocina la idea del prost\u00edbulo para Santa Mar\u00eda. No obstante la enfermedad encuentra en la obra de Onetti otras manifestaciones, tal como lo demuestra su novela Los adioses, obra que reiteradamente consider\u00f3 la mejor de las que hab\u00eda escrito. Entre un sanatorio y un pueblo -\u00bfextra\u00f1a a estas alturas su devoci\u00f3n por La monta\u00f1a m\u00e1gica y el amor entre enfermos?- se teje una oscura red de suposiciones que involucran las relaciones de un interno con dos mujeres: una adulta, acompa\u00f1ada siempre por un ni\u00f1o, y otra mucho m\u00e1s joven y atractiva. Ambas comparten temporadas con el enfermo y las gentes del pueblo disparan su imaginaci\u00f3n al juzgar al tr\u00edo. Con la enfermedad como fondo, el pueblo sufre un evidente caso de contagio moral, donde no falta incluso el m\u00e9dico de rigor, no ya el doctor D\u00edaz Grey sin el doctor Gunz. El tiempo incrementa las c\u00e1balas tanto como los bacilos y el enfermo, gracias a la bien guardada ambig\u00fcedad de sus relaciones, se confunde con el morbo general.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Los episodios y los personajes de Onetti son variantes de una misma historia. Todos sus libros confluyen en un solo libro. \u00bfQu\u00e9 diferencia a las suposiciones de Los adioses de las que se tejen en torno a Rita, la prostituta cuya muerte en para una tumba sin nombre da origen al relato? Siempre acompa\u00f1ada por un chivo, Rita es el prototipo de las numerosas y fascinantes rameras que invent\u00f3 Onetti y ella, en su rito prostibulario, exhibe algo de religiosa dedicaci\u00f3n y las mismas gentes de Santa Mar\u00eda le otrogan a su magisterio carnal una moralidad redentora. Rita parece ilustrar la tortuosa teolog\u00eda que registr\u00f3 William Blake en su Matrimonio del cielo y del infierno: &#8220;La lubricidad del chivo es la generosidad de Dios.&#8221; Y a prop\u00f3sito del heterodoxo ingl\u00e9s, Onetti vuelve sobre sus versos en Tierra de nadie, donde por boca de Mauricio y de forma no expl\u00edcita recupera uno de los m\u00e1s terribles aunque ciertos aforismos, y que el propio autor parece haber practicado: &#8220;Quien desea y no act\u00faa engendra la peste\u2026&#8221; Pero, de nuevo con Rita, la sola presencia del chivo exp\u00eda las faltas de la mujer cuando consigue clientes o cuando, a su lado, hace el amor. De ah\u00ed que el animal sea la \u00fanica compa\u00f1\u00eda l\u00f3gica al ahora de su entierro. De un hombre a otro, Rita va tambi\u00e9n de un libro a otro: en Juntacad\u00e1veres tiene que ver con la mayor\u00eda de los personajes masculinos, en especial con Marcos Bergner, el ide\u00f3logo del Falansterio y el mayor usuario de los servicios del burdel. Desde la primera p\u00e1gina de su primer libro Onetti involucra prostitutas en sus relatos. De ah\u00ed que con frecuencia se tilde de mis\u00f3gino a quien un d\u00eda escribi\u00f3: &#8220;He le\u00eddo que la inteligencia de las mujeres termina de crecer a los 20 o 25 a\u00f1os. No s\u00e9 nada de la inteligencia de las mujeres y tampoco me interesa. Pero el esp\u00edritu de las muchachas muere a esa edad, m\u00e1s o menos. Pero muere siempre; terminan siendo todas iguales, con un sentido pr\u00e1ctico hediondo, con sus necesidades materiales y un deseo ciego y oscuro de parir un hijo. Pi\u00e9nsese en esto y se sabr\u00e1 por qu\u00e9 no hay grandes artistas mujeres. Y si uno se casa con una muchacha y un d\u00eda se despierta al lado de una mujer, es posible que comprenda, sin asco, el alma de los violadores de ni\u00f1as y el cari\u00f1o baboso de los viejos que esperan con chocolatines en las esquinas de los liceos\u2026&#8221; A pesar de estas opiniones, de su car\u00e1cter hosco y de su pinta de aburrido, Onetti goz\u00f3 siempre del favor de las mujeres. Tras esculcarles el alma en sus libros, el escritor no vacilaba en curiosear impunemente entre el proverbial desorden que las se\u00f1oras llevan en sus carteras. Pero as\u00ed y todo lo adoraban. Al pregunt\u00e1rsele sobre \u00e9sta y otras cuestiones no menos traviesas, el autor de La novia robada se acaricia el ment\u00f3n, sus ojos se iluminan y el labio colgante no logra disimular una m\u00ednima aunque p\u00edcara sonrisa. &#8220;Hay una leyenda negra sobre Onetti \u2013dice-; sobre todo all\u00e1 lejos, en el sur. \u00bfPero por qu\u00e9 me pregunt\u00e1s vos esas cosas? Dec\u00ed\u2026&#8221;<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">De todos los personajes que deambulan por gran parte de los libros de Onetti, el m\u00e1s sugerente y vital es Larsen, siempre empe\u00f1ado en proyectos demenciales. Si antes, por bien de la salud social debe poner en marcha un prost\u00edbulo, ahora, por razones econ\u00f3micas, debe sacar adelante el astillero, en la novela hom\u00f3nima. Se apoya en la mentira y sus falsas promesas van parejas con su propia, paulatina alienaci\u00f3n: persistir en algo que no es m\u00e1s que un sue\u00f1o siniestro, insistir en llevar adelante la empresa del deterioro, acelerar la m\u00e1s lancinante de las entrop\u00edas. Y ante la certeza de que la hero\u00edna de turno, Ang\u00e9lica In\u00e9s, est\u00e1 tan loca como su madre -\u2013se es el dictamen del doctor D\u00edaz Grey- y que no podr\u00e1 tener hijos, y al comprobar la insania creciente del potentado Petrus, Larsen justifica los motivos de su impostura. Para \u00e9l, Santa Mar\u00eda es &#8220;la ciudad maldita&#8221; y en ella se sumerge consciente del fracaso. Entra en contacto con el comisario Medina \u2013que a\u00f1os atr\u00e1s tuvo algo que ver con el prost\u00edbulo en Juntacad\u00e1veres y a\u00f1os despu\u00e9s reaparecer\u00e1 el Lavanda, la ciudad que reemplaza a Santa Mar\u00eda en Dejemos hablar al viento- y prosigue su loca aventura. Al vender las piezas claves del astillero \u00e9l mismo saquea y arruina su empresa. La situaci\u00f3n se precipita y el punto de vista ofrece dos desenlaces diferentes. De cualquier forma, la ambig\u00fcedad multiplica una vez m\u00e1s las posibilidades del texto, con lo que la moral del protagonista y su enfermiza relaci\u00f3n con la ciudad y sus habitantes queda, una vez m\u00e1s, a discreci\u00f3n del mejor int\u00e9rprete.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La apat\u00eda es la foto que Onetti exhibe en su pasaporte. Como vigilado por un buda desde el comedor, el escritor ahuyenta a un perro que deambula por ah\u00ed y que, seg\u00fan dicen, su esposa se lo compr\u00f3 para que por lo menos tuviera un motivo para salir a la calle. \u00bfSe imagina alguien a Onetti d\u00e1ndole la vuelta a la manzana con un perro caniche? Rita y su chivo estar\u00edan en la imaginaci\u00f3n de todo el mundo y no faltar\u00eda quien recordara que los sue\u00f1os de la juventud se cumplen en la vejez. Pero nada de eso alcanz\u00f3 a ocurrir. Tendido boca arriba, sobre la cama, desali\u00f1ado y esc\u00e9ptico como si subrayara la m\u00e1s t\u00edpica actitud de sus personajes, Onetti vaticina en Cuando ya no importe \u2013su \u00faltimo, expresivo libro- el amargo destino de un cuerpo que ya no le responde: &#8220;S\u00e9 muy bien que terminar\u00e1 rebel\u00e1ndose y que usar\u00e1 dolores de intensidad escalonada para obligarme a tenerlo en cuenta, justamente cuando ya no importe demasiado al mezclarse con hast\u00edo y resignaci\u00f3n. Otra vez la palabra muerte, sin que necesite escribirla\u2026&#8221;<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\n<h3 style=\"text-align:justify;\"><em><strong>La Jornada SEMANAL, N\u00fam. 286, 4 de diciembre de 1994, pp. 30-34, t\u00edtulo &#8220;LO QUE PUEDE DECIRSE EN UN \u00c1GAPE DE ESFINGES&#8221;, POR R.H. MORENO-DUR\u00c1N. Edici\u00f3n electr\u00f3nica a cargo de J.FRANCISCO A. ELIZALDE. 08 DE AGOSTO DEL 2000.<\/strong><\/em><\/h3>\n<div class=\"wp-socializer wpsr-share-icons\" data-lg-action=\"show\" data-sm-action=\"show\" data-sm-width=\"768\"><h3>Share and Enjoy !<\/h3><div class=\"wpsr-si-inner\"><div class=\"wpsr-counter wpsrc-sz-32px\" style=\"color:#000\"><span class=\"scount\" data-wpsrs=\"\" data-wpsrs-svcs=\"facebook,twitter,linkedin,pinterest,print,pdf\"><i class=\"fa fa-share-alt\" aria-hidden=\"true\"><\/i><\/span><small class=\"stext\">Shares<\/small><\/div><div class=\"socializer sr-popup sr-count-1 sr-count-1 sr-32px sr-circle sr-opacity sr-pad\"><span class=\"sr-facebook\"><a data-id=\"facebook\" style=\"color:#ffffff;\" rel=\"nofollow\" href=\"https:\/\/www.facebook.com\/share.php?u=\" target=\"_blank\" title=\"Share this on Facebook\"><i class=\"fab fa-facebook-f\"><\/i><span class=\"ctext\" data-wpsrs=\"\" data-wpsrs-svcs=\"facebook\"><\/span><\/a><\/span>\n<span class=\"sr-twitter\"><a data-id=\"twitter\" style=\"color:#ffffff;\" rel=\"nofollow\" href=\"https:\/\/twitter.com\/intent\/tweet?text=%20-%20%20\" target=\"_blank\" title=\"Tweet this !\"><i class=\"fab fa-twitter\"><\/i><\/a><\/span>\n<span class=\"sr-linkedin\"><a data-id=\"linkedin\" style=\"color:#ffffff;\" rel=\"nofollow\" href=\"https:\/\/www.linkedin.com\/sharing\/share-offsite\/?url=\" target=\"_blank\" title=\"Add this to LinkedIn\"><i class=\"fab fa-linkedin-in\"><\/i><\/a><\/span>\n<span class=\"sr-pinterest\"><a data-pin-custom=\"true\" data-id=\"pinterest\" style=\"color:#ffffff;\" rel=\"nofollow\" href=\"https:\/\/www.pinterest.com\/pin\/create\/button\/?url=&amp;media=&amp;description=\" target=\"_blank\" title=\"Submit this to Pinterest\"><i class=\"fab fa-pinterest\"><\/i><span class=\"ctext\" data-wpsrs=\"\" data-wpsrs-svcs=\"pinterest\"><\/span><\/a><\/span>\n<span class=\"sr-print\"><a data-id=\"print\" style=\"color:#ffffff;\" rel=\"nofollow\" href=\"https:\/\/www.printfriendly.com\/print?url=\" target=\"_blank\" title=\"Print this article \"><i class=\"fa fa-print\"><\/i><\/a><\/span>\n<span class=\"sr-pdf\"><a data-id=\"pdf\" style=\"color:#ffffff;\" rel=\"nofollow\" href=\"https:\/\/www.printfriendly.com\/print?url=\" target=\"_blank\" title=\"Convert to PDF\"><i class=\"fa fa-file-pdf\"><\/i><\/a><\/span>\n<span class=\"sr-share-menu\"><a href=\"#\" target=\"_blank\" title=\"More share links\" style=\"color:#ffffff;\" data-metadata=\"{&quot;url&quot;:&quot;&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;excerpt&quot;:&quot;&quot;,&quot;image&quot;:&quot;&quot;,&quot;short-url&quot;:&quot;&quot;,&quot;rss-url&quot;:&quot;http:\\\/\\\/adastra.plgo.org\\\/?feed=rss2&quot;,&quot;comments-section&quot;:&quot;comments&quot;,&quot;raw-url&quot;:null,&quot;twitter-username&quot;:&quot;&quot;,&quot;fb-app-id&quot;:&quot;&quot;,&quot;fb-app-secret&quot;:&quot;&quot;}\"><i class=\"fa fa-plus\"><\/i><\/a><\/span><\/div><\/div><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"LO QUE PUEDE DECIRSE EN UN \u00c1GAPE DE ESFINGES. R. H. MORENO-DUR\u00c1N En los \u00faltimos a\u00f1os, Juan Carlos Onetti parec\u00eda encarnar a su personaje Eladio Linacero: tendido sobre la cama, boca arriba, sin afeitarse durante d\u00edas, con un cigarrillo infinito en el belfo y una no menos infinita botella de&hellip;\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"parent":57,"menu_order":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","template":"","meta":{"footnotes":""},"class_list":["post-87","page","type-page","status-publish","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/adastra.plgo.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/87"}],"collection":[{"href":"http:\/\/adastra.plgo.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"http:\/\/adastra.plgo.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/adastra.plgo.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/adastra.plgo.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=87"}],"version-history":[{"count":0,"href":"http:\/\/adastra.plgo.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/87\/revisions"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/adastra.plgo.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/57"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/adastra.plgo.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=87"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}