{"id":241,"date":"2008-01-13T04:51:00","date_gmt":"2008-01-13T04:51:00","guid":{"rendered":"http:\/\/adastra.plgo.org\/?p=241"},"modified":"2008-01-13T04:51:00","modified_gmt":"2008-01-13T04:51:00","slug":"de-la-traduccion-i-a","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/adastra.plgo.org\/?p=241","title":{"rendered":"De la traducci\u00f3n I [a]"},"content":{"rendered":"<div>De la traducci\u00f3n<\/p>\n<p>I<\/p>\n<p>En sus <span>Confesiones de un joven<\/span>, George Moore habla de la traducci\u00f3n:<\/p>\n<p>Ciertos sustantivos, por dif\u00edciles que sean, deben conservarse exactamente como en el original; no hay que transformar las verstas en kil\u00f3metros, ni los rublos en chelines o en francos. Yo no s\u00e9 lo que es una versta ni lo que es un rublo, pero cuando leo estas palabras me siento en Rusia. Todo proverbio debe dejarse en su forma literal, aun cuando pierda algo de su sentido; si lo pierde del todo, entonces habr\u00e1 que explicarlo en una nota. Por ejemplo, en alem\u00e1n hay este proverbio: <span>Cuando el caballo est\u00e1 ensillado, hay que montarlo<\/span>. En franc\u00e9s: <span>Cuando se ha servido el vino, hay que beberlo.<\/span> Y quien tradujese: <span>Cuando el caballo<\/span> por <span>Cuando el vino<\/span>, ser\u00eda un asno. En la traducci\u00f3n debe emplearse una lengua perfectamente cl\u00e1sica; no hay que usar palabras de argot, y ni siquiera de origen muy moderno. El objeto del traductor debe ser el no quitar a la obra su sabor extranjero. Si yo tradujese <span>L&#8217;asom<\/span>[156]<span>moir<\/span>, me esforzar\u00eda en emplear una lengua fuerte, pero sin color; la lengua -\u00bfc\u00f3mo dir\u00e9?-, la lengua de un Addison moderno.<\/p>\n<p>En punto a traducci\u00f3n es arriesgado hacer afirmaciones generales. Todo est\u00e1 en el balanc\u00edn del gusto. Y si este elemento de creaci\u00f3n, incomunicable y dif\u00edcil de legislar, no entrara en juego, la traducci\u00f3n no hubiera tentado nunca a los grandes escritores. Ser\u00eda s\u00f3lo oficio manual, como el trasiego del vino en vasijas. Los casos citados por Moore est\u00e1n escogidos con malicia. Poco costar\u00eda encontrar otros que demuestran las limitaciones de su doctrina. Concedemos que la fidelidad a <ciertos>&#8220;ciertos sustantivos&#8221; es de buen arte. Pero Moore debi\u00f3 haber explicado que los sustantivos en cuesti\u00f3n se refieren a los usos privativos de un pueblo. Pues el transformar los usos no es traducir, sino adaptar; como cuando, por obvias necesidades esc\u00e9nicas, <span>L&#8217;orgueil d&#8217;Arcachon<\/span> se convierte en <span>El orgullo de Albacete<\/span>. Y cuando se trata de nombres propios precisamente, la adaptaci\u00f3n es m\u00e1s repugnante; y si de seud\u00f3nimos, peor a\u00fan. Si es intolerable &#8220;Ernesto Ren\u00e1n&#8221;<ernestro>, m\u00e1s lo es &#8220;Anatolio France&#8221;, que de ser leg\u00edtimo, mejor pudo ser &#8220;Anatolio Francia&#8221;<anatolio>. Ya pasaron los tiempos en que la fuerza de atracci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica y hasta la relativa incomunicaci\u00f3n de las culturas consent\u00edan a Quevedo hablar de &#8220;Miguel de Monta\u00f1a&#8221;<miguel>, a Graci\u00e1n decirle a John Barclay &#8220;el Barclayo&#8221;<el> o permit\u00edan llamarle al Louvre &#8220;la Lobera&#8221;<la>. Y acaso esta gambeta se perpetuaba todav\u00eda como herencia de los siglos en que el com\u00fan denominador del lat\u00edn la hab\u00eda facilitado: as\u00ed fue como Vincent de Beauvais se llam\u00f3 Vicente Belovalense.<br \/>Pero ya el que todo proverbio o frase coloquial deba respetarse textualmente parece menos aceptable, y m\u00e1s bien la traducci\u00f3n literal podr\u00eda relegarse a la nota y no al discurso principal. Aqu\u00ed caemos en el reinado exclusivo de los modis[157]mos, por naturaleza intransferibles, y corremos el riesgo de aprobar como bueno el que la Condesa de Pardo Baz\u00e1n haya traducido del franc\u00e9s que una mula &#8220;sudaba por la cola&#8221;<sudaba>, en vez de &#8220;sudar a chorros&#8221;<sudar>, como hace la mula ortodoxa en castellano. A poco apurar, tendr\u00eda raz\u00f3n el chusco que tradujo <span>Rendez-vous ches les Anciens<\/span> por <span>R\u00edndase usted en casa de los antiguos<\/span>.<br \/>Pero la idea de la lengua neutra en las traducciones, sin demasiados alardes castizos que adulteren el sabor original, parece muy recomendable en principio.<br \/>Hace a\u00f1os, cuando Pedro Henr\u00edquez Ure\u00f1a trabajaba en la traducci\u00f3n de los <span>Estudios griegos<\/span>, de Pater, sol\u00edamos discutir estos puntos. El, por su cuenta, pues no conoc\u00edamos el libro de Moore, sosten\u00eda una doctrina muy semejante. Yo apenas comenzaba a hacer mi herramienta; me cohib\u00eda el purismo, y era partidario de cierta discreta castellanizaci\u00f3n. El paladar, no hecho, todav\u00eda se negaba a tomar el gusto a ciertos desv\u00edos que parecen devolver a las lenguas viejas algo de su acre verdor. Yo no hubiera comprendido entonces que Raymond Poincar\u00e9 encontrara encanto en el saborcillo extranjero de la prosa francesa de Francisco Garc\u00eda Calder\u00f3n (Pr\u00f3logo a <span>Les d\u00e9mocraties latines de l&#8217;Am\u00e9riqu<\/span>e); el encanto que yo mismo he encontrado m\u00e1s tarde en alg\u00fan regusto catal\u00e1n de Eugenio d&#8217;Ors o en los lusismos que aconsejaba Est\u00e9banez Calder\u00f3n; el encanto de la Biblia que Cipriano de Valera puso en &#8220;castellano ginebrino&#8221;<castellano>, o el de La <span>Lozana andaluza<\/span>, que Francisco Delgado escribi\u00f3 en espa\u00f1ol de Roma: bebidas fermentadas que hoy paladeo con agrado indecible.<br \/>Nos divert\u00edamos entonces con aquella pol\u00e9mica entre Matthew Arnold y Francis W. Newman sobre la traducci\u00f3n de Homero; trat\u00e1bamos del estilo noble y el familiar de la \u00e9pica griega, con referencia al intevitable Longino; consider\u00e1bamos hasta qu\u00e9 punto ser\u00eda l\u00edcito el interpretar los nombres de los [158] caballos de Aquiles, llamando el Casta\u00f1o al Janto y el Tordillo al Balio, o el poner a la arp\u00eda Podarga el apodo de la Vivaracha.<br \/>Y rele\u00edamos el di\u00e1logo de las <span>Siracusanas<\/span> de Te\u00f3crito entre Gorgo y Prax\u00ednoa, que Arnold inserta en su ensayo sobre <span>El sentimiento religioso pagano y cristiano<\/span>, verti\u00e9ndolo de prop\u00f3sito en un estilo familiar y casero:<\/p>\n<p>GORGO.-\u00bfEst\u00e1 en casa Prax\u00ednoa?<br \/>PRAX\u00cdNOA.-\u00a1Dichosos los ojos, querida Gorgo! Aqu\u00ed me tienes. \u00a1Eun\u00e9, hija: pronto! Ac\u00e9rcale una silla y ponle un coj\u00edn.<\/p>\n<p>Sin duda que estas familiaridades tienen su utilidad: ayudan a perder el miedo a los cl\u00e1sicos. Pero nada se ha de extremar. Otra vez tenemos aqu\u00ed que hab\u00e9rnoslas con el balanc\u00edn del gusto. De un lado, la traducci\u00f3n que, como los pintores primitivos, viste a los antiguos de contempor\u00e1neos. De otro lado, la traducci\u00f3n cient\u00edfica, que tiende a quedarse m\u00e1s o menos en el tipo interlinial de las ediciones escolares Hachette.<br \/>De un lado, el Homero de Madame Dacier, el Virgilio disfrazado por Scarron, el Ovidio en rondeles de D&#8217;Assouci, y aun la Odisea de W. D. Rouse (<span>The Story or Odysseus, A Translation of Homer&#8217;s Odyssey into Plain English<\/span>, Londres, Nelson, 1837). Con igual esp\u00edritu, el poema medieval nos habla del Conde Don Arist\u00f3til &#8220;que estaba muy cansado porque hab\u00eda hecho un silogismo&#8221;<que>. Y en un extremo ya caricaturesco, pueden recordarse el <span>Satiric\u00f3n<\/span> de Laurent Tailhade, la <span>Lis\u00edstrata<\/span> de Maurice Donnay y, m\u00e1s recientemente, los <span>Mimos<\/span> de Herondas interpretados por J. Dryssord.<\/p>\n<p>Alfonso Reyes, &#8220;De la traducci\u00f3n&#8221;, en &#8216;La experiencia literaria &#8211; Ensayos sobre experiencia, ex\u00e9gesis y teor\u00eda de la literatura&#8217;, pp. 155-158.<br \/><\/que><\/castellano><\/sudar><\/sudaba><\/la><\/el><\/miguel><\/anatolio><\/ernestro><\/ciertos><\/div>\n<div class=\"wp-socializer wpsr-share-icons\" data-lg-action=\"show\" data-sm-action=\"show\" data-sm-width=\"768\"><h3>Share and Enjoy !<\/h3><div class=\"wpsr-si-inner\"><div class=\"wpsr-counter wpsrc-sz-32px\" style=\"color:#000\"><span class=\"scount\" data-wpsrs=\"\" data-wpsrs-svcs=\"facebook,twitter,linkedin,pinterest,print,pdf\"><i class=\"fa fa-share-alt\" aria-hidden=\"true\"><\/i><\/span><small class=\"stext\">Shares<\/small><\/div><div class=\"socializer sr-popup sr-count-1 sr-count-1 sr-32px sr-circle sr-opacity sr-pad\"><span class=\"sr-facebook\"><a data-id=\"facebook\" style=\"color:#ffffff;\" rel=\"nofollow\" href=\"https:\/\/www.facebook.com\/share.php?u=\" target=\"_blank\" title=\"Share this on Facebook\"><i class=\"fab fa-facebook-f\"><\/i><span class=\"ctext\" data-wpsrs=\"\" data-wpsrs-svcs=\"facebook\"><\/span><\/a><\/span>\n<span class=\"sr-twitter\"><a data-id=\"twitter\" style=\"color:#ffffff;\" rel=\"nofollow\" href=\"https:\/\/twitter.com\/intent\/tweet?text=%20-%20%20\" target=\"_blank\" title=\"Tweet this !\"><i class=\"fab fa-twitter\"><\/i><\/a><\/span>\n<span class=\"sr-linkedin\"><a data-id=\"linkedin\" style=\"color:#ffffff;\" rel=\"nofollow\" href=\"https:\/\/www.linkedin.com\/sharing\/share-offsite\/?url=\" target=\"_blank\" title=\"Add this to LinkedIn\"><i class=\"fab fa-linkedin-in\"><\/i><\/a><\/span>\n<span class=\"sr-pinterest\"><a data-pin-custom=\"true\" data-id=\"pinterest\" style=\"color:#ffffff;\" rel=\"nofollow\" href=\"https:\/\/www.pinterest.com\/pin\/create\/button\/?url=&amp;media=&amp;description=\" target=\"_blank\" title=\"Submit this to Pinterest\"><i class=\"fab fa-pinterest\"><\/i><span class=\"ctext\" data-wpsrs=\"\" data-wpsrs-svcs=\"pinterest\"><\/span><\/a><\/span>\n<span class=\"sr-print\"><a data-id=\"print\" style=\"color:#ffffff;\" rel=\"nofollow\" href=\"https:\/\/www.printfriendly.com\/print?url=\" target=\"_blank\" title=\"Print this article \"><i class=\"fa fa-print\"><\/i><\/a><\/span>\n<span class=\"sr-pdf\"><a data-id=\"pdf\" style=\"color:#ffffff;\" rel=\"nofollow\" href=\"https:\/\/www.printfriendly.com\/print?url=\" target=\"_blank\" title=\"Convert to PDF\"><i class=\"fa fa-file-pdf\"><\/i><\/a><\/span>\n<span class=\"sr-share-menu\"><a href=\"#\" target=\"_blank\" title=\"More share links\" style=\"color:#ffffff;\" data-metadata=\"{&quot;url&quot;:&quot;&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;excerpt&quot;:&quot;&quot;,&quot;image&quot;:&quot;&quot;,&quot;short-url&quot;:&quot;&quot;,&quot;rss-url&quot;:&quot;http:\\\/\\\/adastra.plgo.org\\\/?feed=rss2&quot;,&quot;comments-section&quot;:&quot;comments&quot;,&quot;raw-url&quot;:null,&quot;twitter-username&quot;:&quot;&quot;,&quot;fb-app-id&quot;:&quot;&quot;,&quot;fb-app-secret&quot;:&quot;&quot;}\"><i class=\"fa fa-plus\"><\/i><\/a><\/span><\/div><\/div><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"De la traducci\u00f3n I En sus Confesiones de un joven, George Moore habla de la traducci\u00f3n: Ciertos sustantivos, por dif\u00edciles que sean, deben conservarse exactamente como en el original; no hay que transformar las verstas en kil\u00f3metros, ni los rublos en chelines o en francos. 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