Sirakova. Author, audience and literary purpose in translating ancient texts.

POMOERIVM 3 (1998) ISSN 0945-2354
Yoana Sirakova (Sofia)
AUTHOR, AUDIENCE AND LITERARY PURPOSE IN TRANSLATING ANCIENT TEXTS
 
The theoretical research of translating process deals with one important problem: the problem of the nature of the translation act. Translation is a fact of bilinguism, where two structures get in contact and interact with each other. There arises the question to what extent these structures could remain intact and how strong their influence on each other is.
Translation is an idiosyncratic process. As far as translating ancient texts is concerned we may define it as a literary process, based upon linguistic procedures. The question of adequacy of literary translation from Latin can be considered from two point of views: grammatically and lexically. Attaining grammatical adaptability is the easier task. This relative ease is predetermined by the target language structure, which imposes by itself the modification of rules in the act of transformation. Changes of word order, the substitution of noun forms with verb forms, the substitution of pronoun forms into noun forms is inevitable.
The accommodation of source language lexical structures to the target language semantic requirements causes more difficulties to translators. The differences, these difficulties result from, ca be observed on three lexical levels: the first one is the level, where we can easily discover the necessary equivalent; the second one is the level, where are included denominations, signifying different objects in different cultures, yet having the same functions; the third level contains specific cultural attribute (realia), where it is impossible to avoid target forms and expressions, especially if deep differences exist in cultural type.
The textual meaning is constructed in a different literary manner in various languages. The content substance may be the same in diverse languages, but it is inseparably connected to the content frame, which varies according to languages and their syntactic and morphological rules. This is because every language system makes in itself an analysis of the exterior world and this analysis is specific and different from other languages analyses. The content and language frame of human spiritual life cannot be separated. Every language makes its own structure according to the world it reflects. The inherent difference expressed in various languages creates the greatest obstacle in translation. Every language builds its proper concept of the world. Arguments for that could be discovered on the lexical levels of languages.

Yoana Sirakova – Author, Audience and Literary Purpose in Translating Ancient Texts

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Traducciones. Jerónimo y Rufino. Por JEAN GRIBOMONT.

Desde los comienzos de la historia en el Lacio y Etruria,
la civilización urbana surge del molde del mundo
oriental, y las armas, los aderezos o los vasos que encierran
sus tumbas son objetos de importación o copian (traducen)
modelos importados. De ello es muestra, y muy prometedora,
la aparición de la escritura en el siglo VII a. de C.
Cuando Roma se encumbra y extiende sus conquistas, el
arte y la literatura clásicas se atienen al mismo principio: el
griego no es sólo la lengua de la mano de obra servil y del
mundo de los negocios, sino que es también la lengua que
estudian en primer lugar, antes del latín, los hijos de la
aristocracia.
A partir de finales del siglo i de nuestra era, el griego
retrocede, y en el siglo IV desaparece en Occidente; y si
hasta Carlomagno, y aún más tarde, Roma sigue recibiendo
de Oriente, lo hace en medida siempre decreciente. ¿Habría
que achacarlo a la interrupción de la importación de esclavos
orientales, a la orientación del comercio hacia centros
más florecientes, como Constantinopla; a la evolución de
Occidente hacia una economía cerrada en sí? En todo caso,
la división política y administrativa es, a la vez, causa y
efecto.
Durante el mejor período clásico, los espíritus más helenizados
muestran un desvelo altivo por el latine loqui, y
el verdadero humanismo libera la cultura romana. A medida
que el griego retrocede, sobre todo en ambientes cristianos,
se multiplican las traducciones literales, a veces serviles;
se cae en la cuenta de la distancia que se está
creando, y se tiene prisa por acumular el patrimonio del
que habrá de vivir la Edad Media. Nadie era ya capaz,
como Terencio o Cicerón, de transponer, adaptar y asimilar
en profundidad, y era, asimismo, pasado el tiempo en
que rétores y filósofos se agolpaban en la corte de Roma
para hacer ostentación de prestigio y de panegíricos.
A fines del siglo IV existía aún en torno al Senado, en
el círculo neoplatónico de Macrobio, una reducida élite
capaz de comentar Virgilio y el Sueño de Escipión con la
ayuda de la literatura platónica griega, como ha demostrado
P. Courcelle. En la Iglesia, la situación es diversa;
hay intercambios personales; Atanasio en Roma, Tréveris
y Aquileya; Hilario en Asia Menor; por otra parte, no faltan
un Ambrosio o un Mario Victorino, o centros de cultura
en Roma y Milán, capaces de sacar partido con mano
maestra de las letras griegas.
Para tratar de las traducciones y adaptaciones realizadas
en el siglo IV es preciso remontarse a los orígenes de la
literatura latina cristiana. Fuera de la tradición religiosa
cristiana no conocemos ambiente alguno que haya concedido
tan grande importancia a la transmisión escrupulosa y
fiel, superando las barreras lingüísticas, de un libro sagrado;
y es un fenómeno del que son protagonistas grupos
de cultura modesta, incapaces de procurarse acceso directo
a textos canónicos procedentes de un ambiente tan alejado
en el tiempo y en el espacio, pero deseosos de comunicar
su contenido al mundo occidental.

Gribomont – Traducciones – Jeronimo y Rufino

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