Autocensura.

De mortuis nil nisi bonum, reza el adagio. Y cuando se trata de ‘muertos ilustres’ el adagio tiene más peso aún que cualquiera de los mandamientos esculpidos por Moisés en las piedras de la Ley.

A poco de comenzar a revisar las bibliografías sobre los materiales que más me interesaban, surgieron las grandes series acompañadas por nombres cuyo perfil ha ido esclareciéndose con el paso de los meses, y de los años. Del oscuro Graffin, y su compañero Nau, al enigmático Chabot, los hermanos Garnière y sus peripecias propias de hombres del siglo XIX, el abad Migne y su empresa editorial aún hoy día inigualable, todos ellos adquirieron una presencia simplemente estremecedora.

Los vastos proyectos en que cada uno a su tiempo y a su manera se embarcó, cristalizó en sendas series bibliográficas que hoy son punto de consulta obligado para todo aquel que se inicia en los estudios Patrológicos/Patrísticos. Algunas publicaciones incluso tienen nombres engañosamente ‘ligeros’, como la Revue del Orient Chrétien.

Mas la línea editorial e histórica por más escueta que sea, no podrá pasar de largo y sin mencionar siquiera en su tiempo a Pitra, Migne, los hermanos Garnière, Horoy, y quienes se encargarían de pasar de un siglo al otro con proyectos que aún perviven hoy día: Graffin, Nau, y Chabot.

Una primera vista de las grandes series ‘Patrologia Orientalis’ y ‘Corpus Scriptorum Christianorum Orientalium’ ofrece el panorama de una época rica y fluida, que disponía de abundantes materiales editoriales cuya consecución incluso se llevaba a cabo con métodos y formas muy poco ‘ortodoxos’ y ‘convencionales’.

Conforme las ideas preconcebidas van adaptándose a lo que muestran los textos de cada historia, y se aprende a leer ‘entre líneas’ cada comentario al parecer azaroso, van destrabándose las verdaderas historias e intenciones que sustentan no pocos proyectos de investigación, después tornados sendos proyectos editoriales.

Esa fue la razón de mi interés por la controversia sucitada entre Graffin y Nau por un lado, y el Abad Chabot por otro. Rastrear cada referencia bibliográfica fue quizá la parte más difícil, y no obstante la parte que más disfruté de esa pequeña investigación, que ha fraguado en una pequeña reseña con una veintena de páginas.

Mas, conforme las situaciones fueron delineándose y anulando cualquier posibilidad de error o confusión, el panorama tornóse paulatinamente desolador. A las figuras encomiables de Graffin y Nau y Chabot se les agregaban uno a uno rasgos que, si bien no eran ajenos a la personalidad intrínseca de cada uno de ellos, vistos de fuera parecieran ser graves, gravísimos defectos.

Mas en este punto es donde la opinión personal, la mirada preconcebida ha de doblegarse y ser domada. El peligro de la autocensura aparece cada vez, en pugna irreconciliable con la desvergüenza o desfachatez.

La autocensura en modo alguno ayuda en la tarea de investigación, quienquiera que se proponga investigar y ahondar en las raíces del tema que le interesa, ha de estar preparado para encontrar incluso las pruebas contundentes que refuten su argumento inicial.

La desvergüenza o el descaro, sendas formas del oprobio y la humillación tampoco son ‘cualidades’ que ayuden en las tareas de investigación. Al descubrir los yerros y debilidades ajenas acentuamos y realzamos las debilidades y yerros propios.

Es realmente fatigoso pelear simultáneamente en un doble frente contra la autocensura y el escarnio. Mantenerse en el justo medio, lugar donde habita la virtud, ha de ser el ideal de todo investigador, por más que sus investigaciones y estudios le inciten a realizar una apología. Con frecuencia, los autores mismos ceden ante el peso de sus obras, y han dejado en ellas apologías o denuncias más que fundamentadas.

De códices, libros y pergaminos.

Hace ya un par de meses, Roger Pearse comentó en su blog que el libro en cuanto tal parece estar pronto a desaparecer.

Las razones son varias: económicas, editoriales, ambientales. Incluso, y lo más sorprendente, razones prácticas.

El argumento presentado descansa íntegramente sobre la noción de que aquello contenido en un libro o pergamino no es otra cosa que un códice [codex, en la acepción más académica provista por la Semiología] acomodado de tal manera que el ser humano pueda ‘manejarlo’ de una forma más o menos adecuada.

Nótese la diferencia entre ‘manejar’ que resalta el carácter práctico y útil del códice vuelto libro, y ‘comprensión’ o ‘asimilación’ del contenido. Esto último es lo que se encontraría en el sustrato de cualquier obra escrita, sea impresa o manuscrita, leída en una pantalla o en una roca esculpida. El códice como tal genera símbolos capaces de ser asimilados por el destinatario, previamente codificados con una fórmula determinada.

El dataset sería el texto, la información, desligada por completo del medio empleado para transmitirse. Podría por tanto ser provista como un libro impreso, como un fárrago de caracteres en la pantalla, o como una serie de palabras y caracteres sueltos, capaces de ser manipulados por cualquier programa informático susceptible de realizar búsquedas filtradas o cálculos estadísticos.

Another dataset arrives. It’s Dr Matthews dataset on inscriptions in North Africa. Yes I could open it on screen, but I can see that it is bulky and has multiple sections — what we used to call chapters. I do a word search, and can see it has many interesting items. I need to read this. Fine; I hit the button and select from the list of automatic output methods. One of these is “codex”; I pay, and tomorrow the bound book arrives.

What need, then, for the highly expensive utility that we call a “publisher”? What need for printing presses, when the process is a button on a screen? Dataset publishers will exist, and grow, and flourish, earning their revenues from selling content, not format. This will become practical in the not too distant future, I think. Likewise datasets will acquire trust — or otherwise — in some means. This is an essential stage in the transformation, but it will come. Because the dataset is vastly more convenient in every way, including price, to everyone from consumer to supplier to author, than the modern academic printed book.

At the moment publishers really only sell online versions of offline content, and are still thinking in physical terms. But this will change. Why limit oneself to a format now obsolete?

Si la información es susceptible de adoptar determinados formatos, y estos han cambiado con el paso del tiempo, tales cambios se han dado sólo en la transmisión, no en la forma.

Me explico:
Desde los monumentos pictográficos más arcaicos, y las inscripciones talladas en roca hasta el papiro y los primeros folios escritos a mano, existe la misma distancia que desde los libros impresos y encuadernados hasta un documento electrónico visible como .pdf o .doc. La forma se mantiene porque, aunque es evidente que el códice puede adaptarse a infinidad de maneras de transmisión y almacenamiento, el cerebro humano como tal tiene un límite dictado no por la capacidad de procesar información, sino por la manera de adquirirla, y el medio más usado actualmente sigue siendo el de la vista. La lectura. Incluso con técnicas de lectura avanzada, se llegará al límite que no ha de ser sobrepasado. Y si existen sujetos con la habilidad de poder retener íntegramente el contenido de un libro leído, la inmensa mayoría sólo procesa en ‘parcelas’. Y depende de la capacitación, educación o método el provecho que se obtenga de tal parcelación, y la consideración de una obra en su conjunto.

Posiblemente las exigencias académicas y ambientalistas harán más rápido y forzoso el cambio desde los medios impresos tradicionales hasta la adopción de formatos eminentemente electrónicos. Mas la forma linealmente estructurada que tiene el pensamiento humano de abordar argumentaciones de tipo escolar hará que el códice en cuanto tal siga siendo, amén de un generador de símbolos susceptibles de traducción, una masa informe de datos que requiere necesariamente la estructuración que se ha mantenido constante hasta nuestros días.

El intelecto y la capacidad humana de encontrar relaciones, y crear nuevas relaciones ‘ab nihilo’ es un rasgo eminentemente divino. La capacidad humana de proveerse de los datos encerrados en un códice por medio de los sentidos más aptos para ello -la vista y el oído- siguen siendo limitantes con características que nos acercan más al ser animal, que a las esencias angélicas.

Un patrólogo en Nuevo Laredo?

De no ser por mi esposa y mi hija, quienes consienten que un par de horas el monitor de la computadora me hipnotice, varios proyectos que han surgido como sitios web, grupos o pequeños comentarios en diferentes blogs, no habrían podido ver la luz.

El tiempo que la familia merece es sagrado, intocable. Y cuando la familia respalda aquello que uno hace, la vocación se torna compromiso.

El gusto, y la pasión por los estudios patrísticos surgieron de la mano con mi interés y gusto por las lenguas clásicas que estudié en el Bachillerato: Latín y Griego. Los primeros Padres que llamaron mi atención fueron, como quizá a otros muchos ha sucedido, Beda el Venerable, Boecio y San Isidoro de Sevilla. Enciclopedistas y escritores eximios, cada uno ofrece una visión de un mundo que aún se encontraba rebosante de misterios, explicaciones totalizadoras que abarcaban desde las esferas celestes hasta las inermes rocas del subsuelo terrestre.

La Creación era aún, obra de un dios omnipotente, capaz de interactuar con el hombre, de par a par, de tú a tú. Esa inmediatez, lamentablemente, se pierde un poco más con cada día que pasa. El hombre ya no es capaz de consentir el hecho de que una ‘Inteligencia superior’ sea la regente de nuestro destino… eso sería echar por tierra las últimas luchas y cerrazones que han acompañado el florecimiento de la Ciencia Humana los últimos tres siglos de nuestra existencia.

Pero aún y con esos avances monstruosos que nos acercan más que nunca al abismo y la autodestrucción, los resquicios a que esa misma Ciencia no puede hacer frente continúan más vigentes que nunca: la explicación del proceder de la Conciencia en cuanto tal, la gradación necesaria entre el deseo y la acción, el flujo innegable de polaridades capaces de intervenir en los pensamientos y obras cotidianas de cada ser humano. Los Padres tenían una visión que no ha perdido validez, sobre la mayor parte de los aspectos a que la ciencia actual no puede hacer frente.

Reconocer que la chispa divina es capaz de seguir brindando su calor eficaz al corazón del hombre es un verdadero triunfo en el medio actual, en que encontramos que resulta más fácil negar y destruir, que afirmar y profesar una fe creadora.

Cuando reflexiono y escribo sobre estos menesteres, entonces no estoy en Nuevo Laredo, ni siquiera en Tamaulipas o México. Cuando hablo de cuestiones como estas, entonces sólo soy uno al lado de los excelentes amigos que me han acompañado estos últimos años, quienes también a su vez siguen encontrando en los Padres las respuestas a esas preguntas, en ocasiones dolorosas, que surgen en cualquier ser humano, conciente de serlo.

Esa es la razón de este blog, y de los proyectos que han surgido, y cualquier proyecto futuro que pueda surgir alrededor de ese maravilloso tema: la Patrología.