Un patrólogo en Nuevo Laredo?

De no ser por mi esposa y mi hija, quienes consienten que un par de horas el monitor de la computadora me hipnotice, varios proyectos que han surgido como sitios web, grupos o pequeños comentarios en diferentes blogs, no habrían podido ver la luz.

El tiempo que la familia merece es sagrado, intocable. Y cuando la familia respalda aquello que uno hace, la vocación se torna compromiso.

El gusto, y la pasión por los estudios patrísticos surgieron de la mano con mi interés y gusto por las lenguas clásicas que estudié en el Bachillerato: Latín y Griego. Los primeros Padres que llamaron mi atención fueron, como quizá a otros muchos ha sucedido, Beda el Venerable, Boecio y San Isidoro de Sevilla. Enciclopedistas y escritores eximios, cada uno ofrece una visión de un mundo que aún se encontraba rebosante de misterios, explicaciones totalizadoras que abarcaban desde las esferas celestes hasta las inermes rocas del subsuelo terrestre.

La Creación era aún, obra de un dios omnipotente, capaz de interactuar con el hombre, de par a par, de tú a tú. Esa inmediatez, lamentablemente, se pierde un poco más con cada día que pasa. El hombre ya no es capaz de consentir el hecho de que una ‘Inteligencia superior’ sea la regente de nuestro destino… eso sería echar por tierra las últimas luchas y cerrazones que han acompañado el florecimiento de la Ciencia Humana los últimos tres siglos de nuestra existencia.

Pero aún y con esos avances monstruosos que nos acercan más que nunca al abismo y la autodestrucción, los resquicios a que esa misma Ciencia no puede hacer frente continúan más vigentes que nunca: la explicación del proceder de la Conciencia en cuanto tal, la gradación necesaria entre el deseo y la acción, el flujo innegable de polaridades capaces de intervenir en los pensamientos y obras cotidianas de cada ser humano. Los Padres tenían una visión que no ha perdido validez, sobre la mayor parte de los aspectos a que la ciencia actual no puede hacer frente.

Reconocer que la chispa divina es capaz de seguir brindando su calor eficaz al corazón del hombre es un verdadero triunfo en el medio actual, en que encontramos que resulta más fácil negar y destruir, que afirmar y profesar una fe creadora.

Cuando reflexiono y escribo sobre estos menesteres, entonces no estoy en Nuevo Laredo, ni siquiera en Tamaulipas o México. Cuando hablo de cuestiones como estas, entonces sólo soy uno al lado de los excelentes amigos que me han acompañado estos últimos años, quienes también a su vez siguen encontrando en los Padres las respuestas a esas preguntas, en ocasiones dolorosas, que surgen en cualquier ser humano, conciente de serlo.

Esa es la razón de este blog, y de los proyectos que han surgido, y cualquier proyecto futuro que pueda surgir alrededor de ese maravilloso tema: la Patrología.

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