De la traducción IV

IV

A propósito del imposible problema de la traducción, ¿quién no ha oído hablar alguna vez de las cosas que sólo se pueden decir en tal o cual lengua? Mucha tinta se ha gastado con la famosa ”saudade” portuguesa, que los brasileños han arrebatado para sí como un derecho exclusivo. Ole[168]gario Mariano, enumerando los dones que posee el Brasil, exclama:

Em a palavra saudade
que as outras nâo tem.

Desde luego, Cervantes decía ”soledad”, y ”saudoso” es ”soledoso”. Y el bilingüe Gil Vicente se explicaba así:

Soledad tengo de ti,
tierra donde yo nací.

El salto del alemán a las lenguas latinas y aun al inglés es más peligroso, por la contextura misma del alemán, que no siempre ha llegado a aglutinar en unidad de vocablo los signos conceptuales dispersos, y se limita a juntarlos como una serie de artejos mal pegados. El traductor español al enfrentarse con el alemán se da cuenta de que las palabras ”expresión” e ”impresión” están hechas con ingredientes que significan ”peso por fuera” y ”peso por dentro”. Y en la traducción clásica, todos hemos conocido aquello de las ”naves huecas”, donde tal vez debe decir ”barcos de transporte”, por distinción con los de carga.
A veces damos con verdaderos rompecabezas: cuando la frase original está muy impregnada del humus del terruño. El otro Merimée, en su Manual, no encontró mejor cosa que L’imagination excitée para la peur para el brioso título de Juan Martínez de Moya Las fantasías de un susto (1630). Y para El chitón de las tarabillas de Quevedo, propone el débil Silence aux caquets! Se me ocurre que la Aguja de marear cultos podría traducirse, yendo más allá de lo idiomático hasta el campo de la literatura comparada, por Le Nord des Précieux. En este orden, que ya comienza a ser más adaptación que traducción, Cavallería rusticana también puede dar Nobleza gaucha y aun Nobleza baturra.
[169] La traducción de una lengua literaria al argot del propio país suele intentarse con un fin humorístico. Así el framgento de Carmen que Pierre Devaux ha volcado en la ”lengua verde”, o con el poema de Hugo que todos los liceanos conocen -”Mon père, ce héros au sourire si doux”-, que escuché vestido en jerga de apache en cierta revista del Palais Royal. Apréciese lo que va de Baudelaire al arrabalero de buenos Aires:

Sois sage, ô ma Doleur, et tiens-toi tranquille.

Y el tango:

¡Araca, corazón, cállate un poco!

El problema se complica entre dos argots diferentes. ”Jacter” podría traducirse por el familiarismo ”chacotear”, pero este vocablo signficia un nuevo matiz, una burla bulliciosa, y sólo en México lo he oído usar por ”perder el tiempo charlando”, con un poco del sentido de ”jacasser”. Angel Vegue y Goldoni proponía graciosamente, para el francés ”machabée” -término de ‘carabin”- el español ”fiambre”. ¿Y cómo convertir al español el ”Zé Pereira” brasileño, con su burlesca alusicón al nombre popoular de los protugueses, y que se aplica a la tambora de la banda?
El problema del argot no reside tanto en cada término aislado, sino en la atmósfera popular a que corresponde, intraducible por naturaleza. Además, el argot tiene un canto, un acento que desaparece en la adaptación. En el teatro, la adaptación de ambiente no siempre es tan fácil como en El orgullo de Albacete. En el Pigmalión de Bernard Shaw no hay adaptación posible, porque el asunto no corresponde al a vida española; y por otro lado, la entonación del habla ”cockney” es parte integrante del asunto. Fue creado en español por Catalina Bárcena. El traductor y director de la [170] compañía, Gregorio Martínez Sierra, me figuro que habrá dudado mucho si debía buscar la equivalencia del habla plebeya londinense en las modulaciones de la golfa madrileña. Se trata de una muchacha del arrabal, redimida por un profesor de fonética que la enseña a prounciar y emitir la voz correctamente. Como para la mujer gata de la fábula, que de pronto echó a correr tras un ratón, la prueba definitiva acontece cuando, ante una emoción súbita, el modo plebeyo vuelve a salir a flote, ya quella mujer ya refinada suelta unas notas discordantes y recae en su pronunciación nativa. La fina e inteligente actriz tenía, según recuerdo, una voz dulce, que precisamente el fonetista Tomás Navarro Tomás soñaba con registrar en sus aparatos como quien caza un ave rara. ¿Qué hizo Catalina? Puede decirse que hizo a la comedia de Shaw el más alto sacrificio: le sacrificó su voz para siempre. Buscando un compromiso, algo extravagante, inventó una entonación española que pasara por ”cockney”. El compromiso no parece haberle agradado a aquella divinidad secundaria que cuida las leyes de la garganta e imprime en ellas, con minuciosidad de aduanero, los sellos nacionales. Lo certo es que Catalina desde aquel día perdió la voz, y adquirió un hábito tal de destemplarla cómicamente, que ya nunca más le ha sido posible recitar con naturalidad una poesía seria.
Para terminar, unas notas más sobre las versiones de clásicos convertidas al estilo casero:
Vicente Riva Palacio, en Los ceros, galería de contemporáneos, por Cero (México, 1882), trae esta versión del ”vano señalar con el dedo”, sátira de Persio:

No hay cosa como pasar
por donde haya dos o tres
que al mirarnos, sin hablar,
nos comiencen a apuntar
diciendo todos: ¡ése es!

[171] La cosa es mucho más graciosa de lo que el autor se propuso, porque nos presenta la extrañeza de que la gente ”diga algo sin hablar”, y porque la coplilla chapucera se le llama ”verso”, cosa verdaderamente imperdonable en un literato que no solía pecar de ignorante.

Verso -comenta él mismo- que si no se puede calificar como una traducción clásica y digna del original, en cambio puede cantarse cómodamente con la música del Palomo, del Aforrado, del Atole o de cualquiera otra de esas canciones populares que constituyen la delicia de la musa callejera de Guillermo Prieto, y que van como las ondas que forma el agua al caer una piedra, alejándose de nuestras actuales costumbres más y más cada día.

Entre los ecos del bimilenario de Horacio, se advertía también el propósito de meter en casa al poeta latino. Prendidos en las reacciones automáticas de la humana naturaleza, reflejos inmediatos de una hombre medio ante las provocaciones de la vida, los asuntos horacianos no siempre suponen un nivel demasiado excelso. Aunque groseros y en arrufianado lenguaje, asoman en el tango argentino: ”vieja, fanée y descangallada”, o en aquel otro: ”Fume, compadre”. Las Epístolas bien huelen a charla de fumador aunque entonces no se conociera esta delicia. Otro tango hay que da réplica a Horacio: ”Y mañana cuando seas Descolado mueble viejo… Acordáte deste amigo Que ha de jugarse el pellejo”, etcétera. Si llega a insistir en este apsecto, hubiera tenido toda la razón Lavinia (”Por nuestro idioma”, revista de Buenos Aires, año I, núms. 1-3), cuyo ensayito nos promete el título mucho más de lo que nos da: ”En el bimilenario de Horacio: un clásico porteño”.
Pero seguramente entre las curiosidades del bimilenario el [172] intento más agudo para buscar el gusto de Horacio, actualizándolo, desembarazándolo de todo resabio erudito y sin miedo a las chabacanerías eternas, es la versión, transformada en habanera, de la Oda II, IV Ad Xanthiam Phoceum: ”Ne sit ancillae tibi amor pudori”, que Salomón de la Selva publicó en su Digesto Latinoamericano (México, enero de 1936):

¡No seas bobo, chico!
Si es cierto que la amas,
no importa que sea
criadita de casa.
¿De qué te avergüenzas?
Con peores se enganchan
los hijos de Alfonso,
y hasta hay un monarca
que casi se queda
sin trono ni nada
por una rumbera
rubia de Rumania… (5)

1931-1941

(5) Recuérdese la Paráfrasis de Horacio, con temas modernos, en el Crucero de Genaro Estrada [México, 1928. El texto completo de Salomón de la Selva fue reproducido por Alfonso Reyes en Monterrey, Río de Janeiro, junio de 1936, N. 13, pp. 6-7].

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