Brittle paper.

Brittle paper.

Organizando los volúmenes disponibles de esta parte del GCS, que contiene las obras de Orígenes, encontré esta nota manuscrita en la cobertura del volumen 6 de Koetschau.

Frecuentemente hay anotaciones al pie, en los márgenes, en algún volúmen de la PL recientemente digitalizada gracias al PIMS encontré subrayados de alguien que debió ser un crítico terrible de la condición humana, que resaltaba un pasaje donde en boca de Job se nos explica que el hombre es un costal de gusanos, o más explícitamente, ‘los gusanos son hijos del hombre’.

Pero esta anotación, precisamente resguardada al momento de digitalizar el magnífico trabajo de Koetschau, es una deliciosa anacronía. Me permitió recordar los días en que soñaba con fotocopiar algunos volúmenes de la PL -específicamente, los que mencioné antes, el XVIII, LXIII y LXIV y el XC- pero era imposible sacarlos de la ‘sala de lectura’ o biblioteca menor, del Seminario de la Inmaculada Concepción, de Guadalupe, Zacatecas.

Recuero que hojié y ojeé todos y cada uno de los volúmenes de las dos patrologías. En algunas tardes de exploración, en las que me parecía cortísimo el tiempo destinado al estudio ‘metódico’, de cuatro a siete de la noche. Ir desempolvando los volúmenes que a todos espantaban, repasar las hojas frágiles y preciosas, tratar de vislumbrar lo que contenían los volúmenes, materias algunas veces de títulos áridos e imponentes, y otras veces una delicia, como todo lo que se relacionara con ‘In Apocalipsim’.

Encontrar el tomo de Ulfila, en la época en que descubría a Borges y no poder estudiar el gótico allí contenido, era casi una maldición. Una artera puñalada a traición. Como sea, veinte años más tarde, el destino y sus desatinos me ponen ante los ojos aquellos volúmenes, y vuelvo a recorrer las galerías y a revivir aquellas tardes, en las que el mundo era amplísimo e inconmensurable, y podía ser contenido en una Bibliotheca amplísima, casi infinita.

Office y las herramientas de corrección ortográfica

Presentí desde el principio que habría altercados con el Libres Libros de esta semana.

Y así fue.

Ayer por la noche conversando con Simitrio, él me comentó el esmero con que había editado y hecho acomodar los elementos en la página que me asignó. Previamente y por la tarde del día anterior, le había enviado el material para la edición de ese número, y enfatizado ‘que no le corran encima el corrector ortográfico’.

Esto por la sencilla razón de que la Microsoft y su office están peleados con todo lo que no se escriba como ellos quieren que se escriba. Ya al comenzar a fuerza querían que Valeriano se cambiara por valeriana, y que Pierio se trocara por un Piero, o un ‘pero’ rotundo, e inútil.

No sé a ciencia cierta si fué un error mío o el corrector que me jugó una mala pasada, todos los ‘Hieroglyphica’ que aparecen en el texto se preservaron intactos, tal cual. Pero el título apareció como un innegable e inescondible ‘Hierogliphyca’, y así se publicó.

Me dí de topes contra la pared, revisé ese texto no menos de seis veces y de corridito, de arriba a abajo, de pe a pa, y maldita sea la gracia, el título apareció como apareció.

Me siento feliz por el trabajo magnífico de edición y diseño que lleva a cabo Simitrio con su equipo de diseñadores y creadores gráficos.

Pero hoy no me quedé con las ganas y corregí mi error, si bien tardíamente y en el blog del Libres Libros.

Sólo a punta de trancazos se aprende, y más tarde inhabilitaré el mentado corrector ortográfico.

No me sirve para nada.