De Patrologia, Desiderius et Migne.

Esta semana ha sido la de el re-descubrimiento de E-rara.

Añadí el link a la lista de mis favoritos, quizá hace un par de años, seguramente cuando buscaba algún volumen de Kircher, o de Fludd.

Entonces ví que, poquísimos, algunos volúmenes versaban sobre autores y temas netamente relacionados con la Patrología. Entonces los dejé pasar, los dos o tres que vi eran casi ilegibles, y amén de difíciles de leer, parecían estar sistemáticamente excluídos de las listas y reseñas más modernas y ‘actuales’.

Así que la semana pasada, cuando revisé el sitio, me encontré con un librito de Pierio Valeriano que no conocía, y de allí pasé a la Bibliotheca Esotérica de Jung. Después, a expurgar los contenidos patrísticos, que suman una cuarentana en este momento.

De los más de 7,000 volúmenes disponibles, he revisado 3,500 y al paso que llevo, quizá para el fin de semana haya consultado todo lo consultable y logrado extraer los libros que tratan de nuestros temas de interés.

Como bien lo dice su nombre -un nombre ganado a pulso y que no está ni de más ni de menos: es un nombre extrañamente exacto-, la Biblioteca Rara nos tenía guardados algunos secretos que han resultado ser, a la mar de amenos, unos verdaderos enigmas.

Varios volúmenes traducidos y revisados por Erasmo de Rotterdam, con obras capitales, incluso, una maravillosa y monstruosa edición de las Opera Omnia de Augustinus.

Hice memoria, y no, en estos años en que he andado de aquí para allá, consultando, leyendo, buscando, investigando, formando la Bibliotheca Pretiosa, hasta el momento no me había encontrado con la posible dicotomía Erasmus-Migne.

Necesitaré revisar a fondo la PL en busca de esos Scholios, y constatar si, como lo dije arriba, sistemáticamente las traducciones y revisiones de Erasmo fueron dejadas de lado por Migne.

Y aunque pudiera parecer una gratuidad, no lo es.

Kendall, hablando de Iunilius, menciona que a él se atribuyó el ‘De Genesis’ editado en 1528, que resultó ser un escrito de Beda el Venerable.

El librito de Kendall, ‘On Genesis’, fue editado en 2008, hace apenas 4 años.

Por tanto, aún y con la ferviente aadmiración que siento y seguiré sitiendo por el abad Migne, no puedo sacarme de la cabeza esa duda.

¿Dejó Migne de lado las traducciones de Erasmo, por considerarlo sospechoso en algún grado, de simpatizar con el temprano movimiento de Reforma?

Una buena tarea, que da incluso para algún pequeño artículo, o ‘paper’. Veré de un par de fuentes que pudieran tener información sobre esto, seguramente este es un tema ‘a voces abiertas’ que pocos se atreverán a tocar, estando Migne de por medio, y finalmente el férreo Erasmus en el otro extremo.

Beda.

Si hay algo que pueda ser interpretado como la sensación más simple, pura y llana de ‘ser feliz’, ese algo estaría haciendo su aparición el día de hoy, en lo que a mi vida personal se refiere.

Después de ver cómo aparecen ‘sin ton ni son’ los volúmenes de la PL provista por el PIMS, eché de ver que el volumen 90, favorito entre mis favoritos, no figuraba. Sí, allí estaban los dos volúmenes de Boetius que también me han hecho tan feliz, y el volumen de Ulfila, pero del primero volumen del Venerable Beda, nada, ni rastro.

Aparecieron primero el 95, luego el 91. Después casi se completó la serie añadiendo el 94, 93 y 92. Incluso, el 89 y anteriores. Pero el 90 no apareció listado sino hasta el día de hoy.

Sí, día lluvioso, de mucho trabajo y estrés excesivo, este día finalmente me ha devuelto algo que pensé existían posibilidades nulas de llegar a ver algún día: una edición electrónica decentemente presentada, de este volumen.

La felicidad, sí. La felicidad.

Autocensura.

De mortuis nil nisi bonum, reza el adagio. Y cuando se trata de ‘muertos ilustres’ el adagio tiene más peso aún que cualquiera de los mandamientos esculpidos por Moisés en las piedras de la Ley.

A poco de comenzar a revisar las bibliografías sobre los materiales que más me interesaban, surgieron las grandes series acompañadas por nombres cuyo perfil ha ido esclareciéndose con el paso de los meses, y de los años. Del oscuro Graffin, y su compañero Nau, al enigmático Chabot, los hermanos Garnière y sus peripecias propias de hombres del siglo XIX, el abad Migne y su empresa editorial aún hoy día inigualable, todos ellos adquirieron una presencia simplemente estremecedora.

Los vastos proyectos en que cada uno a su tiempo y a su manera se embarcó, cristalizó en sendas series bibliográficas que hoy son punto de consulta obligado para todo aquel que se inicia en los estudios Patrológicos/Patrísticos. Algunas publicaciones incluso tienen nombres engañosamente ‘ligeros’, como la Revue del Orient Chrétien.

Mas la línea editorial e histórica por más escueta que sea, no podrá pasar de largo y sin mencionar siquiera en su tiempo a Pitra, Migne, los hermanos Garnière, Horoy, y quienes se encargarían de pasar de un siglo al otro con proyectos que aún perviven hoy día: Graffin, Nau, y Chabot.

Una primera vista de las grandes series ‘Patrologia Orientalis’ y ‘Corpus Scriptorum Christianorum Orientalium’ ofrece el panorama de una época rica y fluida, que disponía de abundantes materiales editoriales cuya consecución incluso se llevaba a cabo con métodos y formas muy poco ‘ortodoxos’ y ‘convencionales’.

Conforme las ideas preconcebidas van adaptándose a lo que muestran los textos de cada historia, y se aprende a leer ‘entre líneas’ cada comentario al parecer azaroso, van destrabándose las verdaderas historias e intenciones que sustentan no pocos proyectos de investigación, después tornados sendos proyectos editoriales.

Esa fue la razón de mi interés por la controversia sucitada entre Graffin y Nau por un lado, y el Abad Chabot por otro. Rastrear cada referencia bibliográfica fue quizá la parte más difícil, y no obstante la parte que más disfruté de esa pequeña investigación, que ha fraguado en una pequeña reseña con una veintena de páginas.

Mas, conforme las situaciones fueron delineándose y anulando cualquier posibilidad de error o confusión, el panorama tornóse paulatinamente desolador. A las figuras encomiables de Graffin y Nau y Chabot se les agregaban uno a uno rasgos que, si bien no eran ajenos a la personalidad intrínseca de cada uno de ellos, vistos de fuera parecieran ser graves, gravísimos defectos.

Mas en este punto es donde la opinión personal, la mirada preconcebida ha de doblegarse y ser domada. El peligro de la autocensura aparece cada vez, en pugna irreconciliable con la desvergüenza o desfachatez.

La autocensura en modo alguno ayuda en la tarea de investigación, quienquiera que se proponga investigar y ahondar en las raíces del tema que le interesa, ha de estar preparado para encontrar incluso las pruebas contundentes que refuten su argumento inicial.

La desvergüenza o el descaro, sendas formas del oprobio y la humillación tampoco son ‘cualidades’ que ayuden en las tareas de investigación. Al descubrir los yerros y debilidades ajenas acentuamos y realzamos las debilidades y yerros propios.

Es realmente fatigoso pelear simultáneamente en un doble frente contra la autocensura y el escarnio. Mantenerse en el justo medio, lugar donde habita la virtud, ha de ser el ideal de todo investigador, por más que sus investigaciones y estudios le inciten a realizar una apología. Con frecuencia, los autores mismos ceden ante el peso de sus obras, y han dejado en ellas apologías o denuncias más que fundamentadas.